La traducción y la interpretación: un juego de gemelos

La traducción y la interpretación: un juego de gemelos

Alzando la vista al firmamento, cualquiera puede jugar a unir estrellas y dibujar líneas celestes. En la antigüedad, la mitología sirvió para crear historias en torno a los astros, que parecían formar imágenes. Una de las constelaciones más conocidas es Géminis, la tercera del zodiaco. Al observarla con cuidado, puede distinguirse la silueta de los hermanos, como si uno abrazara al otro. Según la cultura griega clásica, se trata de Castor y Pólux, los mellizos inseparables nacidos de Leda, mas procreados por hombres distintos: el primero era hijo del rey Tíndaro, rey de Esparta, mientras que el segundo gozaba de la inmortalidad, pues Zeus era su padre. Los Dioscuros, como también se les conoce, tenían la misma apariencia, pero poseían habilidades distintas. Castor domaba caballos y era un gran jinete; Pólux se convirtió en un guerrero ejemplar. Esta historia tal vez responda a la fascinación universal por la dualidad. Todo puede tener matices y, por eso, queremos entender la pluralidad, los rostros cambiantes, el bien y el mal, el blanco y el negro.

Sucede lo mismo al hablar de traducción e interpretación: a pesar de sus diferencias, ambas profesiones nacieron de la misma preocupación por comunicarse y establecer relaciones con personas que hablan idiomas diferentes. Ya que las dos profesiones se basan en el contacto interlingüístico, hay un gran embrollo en torno a ellas y, muy a menudo, se confunden y se malinterpretan en el imaginario colectivo. Por ello, es pertinente aclarar, en primer lugar, que para ejercerlas se necesitan habilidades muy diferentes, como sucedía con los Dioscuros.

Los traductores reescriben textos de una lengua a otra y deben contar con un tiempo razonable para presentar un escrito bien redactado. Por otro lado, los intérpretes facilitan la comunicación entre personas que no hablan el mismo idioma y, la mayoría de las veces, lo hacen de manera simultánea. Si pensamos en el mito de los gemelos, podríamos decir que los traductores son similares a Castor, el domador tranquilo y pensativo; se trata de una actividad individual que debe tomar en cuenta los requisitos del cliente, el cuidado de la lengua escrita y los detalles del texto original. Los intérpretes, en cambio, se identificarían con Pólux, el combatiente ágil y enérgico, pues siempre se enfrentan a la interacción entre individuos o grupos de personas; es necesario que cuenten con las estrategias mentales y verbales necesarias para producir un diálogo fluido y certero, casi de manera instantánea.

Si eso no basta para entender la diferencia, puede pensarse también en otras implicaciones. En las traducciones debe realizarse un trabajo mucho más preciso, pues siempre podrán compararse con los textos fuente para advertir los cambios y errores. En la interpretación, es permisible hacer giros, cambios u omisiones, pues los límites de tiempo obligan al intérprete a adaptar y modificar lo que está diciendo con tal de no perder el hilo de lo que se está diciendo; se trata de una actividad titánica que sólo los profesionales de la interpretación pueden llevar a cabo. En suma, la interpretación es más dinámica y depende de la expresión oral, mientras que la traducción requiere atención y un conocimiento avanzado y bien cuidado de la lengua escrita. Al igual que Castor y Pólux con su madre Leda, la traducción y la interpretación tienen un mismo origen: el conocimiento lingüístico. Son disciplinas hermanas, pero jamás idénticas.

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